sábado, 13 de julio de 2013

François Hollande, la victoria del candidato normal


Marga Peñafiel | Madrid



Fue en 2007 cuando François Hollande decidió dejar la secretaria del partido socialista y presentarse a las primarias de su partido. Quiso presentarse como el candidato del cambio. Y el cambio empezó por él mismo. Siguió un estricto régimen, que le hizo perder más de 10 kilos, seguido de un cambio radical de look. El 31 de marzo de 2011 hace oficial su candidatura a las primarias. Nadie apostaba por él y los sondeos lo situaban veinte puntos por debajo de Dominique Strauss-Kahn, flamante director del FMI y hombre con experiencia. Con la explosión del caso Strauss-Kahn, su primer obstáculo en esta carrera hacia el Eliseo se apartó. En la final de las primarias se enfrentó a Martine Aubry, líder de la izquierda más radical del partido. La normalidad de François Hollande caló hondo y venció claramente a su rival. Su proyecto se basaba en la ruptura de la austeridad impuesta en Europa, con propuesta de crecimiento al más puro estilo keynesiano y una clara apuesta por la educación pública, con la creación de 60.000 nuevos puestos.

Por aquel entonces ya había por Francia una clara corriente anti-sarkozysta que se fue cada vez acrecentando. Su excesiva personificación de la Presidencia de la República, la mezcla de su vida privada y su vida política, el escándalo de la expulsión de los rumanos, el sentimiento de sumisión a Alemania, la subida de un 160% de su sueldo, la pérdida de la triple A ,las críticas de casi la unanimidad de los medios, la clara oposición de los sindicatos e incluso las críticas del propio Poder Judicial, jugaron en su contra. 

François Hollande se presentaba como todo lo contrario, como un candidato normal y con un programa creíble que rompía con la dinámica conservadora europea, y fue recompensado llegando en cabeza después de la primera vuelta de las elecciones. Todos los candidatos izquierdistas eliminados en la primera vuelta dieron su apoyo incondicional a François Hollande, llamando a sus electores a votarle. No pasó lo mismo en la derecha, donde la extrema derecha de Marie Le Pen, que obtuvo cerca del 20%, pidió a sus votantes que votaran en blanco.

Sarkozy decidió volcar su campaña hacia la extrema derecha para intentar cazar los votos de Le Pen. Pero esta decisión tuvo un efecto no deseado: no cazó los votos suficientes, suscitó problemas internos en su partido y, sobretodo, hizo que el centrista Bayrou con cerca de 10% de votos anunciará públicamente que votaría a Hollande. Solo quedaba una última prueba en el camino de Hollande: el debate. 

Hollande tenía fama de ser blando. En Francia le apodaban “flanby” (flan). Pero sorprendió a todo el mundo y fulminó a Sarkozy en el debate, dejándole totalmente cabizbajo. Finalmente obtuvo la victoria final el 6 de mayo por un margen menor del esperado. Un socialista llegaba al Eliseo después de 17 años. De momento el nuevo gobierno socialista, en sus primeros pasos, está cumpliendo todas sus promesas: paridad perfecta en el gobierno, comunicación de la retirada efectiva de las tropas francesas en Afganistan al final de año en la cumbre de la OTAN y discusión sobre medidas de crecimiento en el seno de la UE. Actualmente lo socialistas gobiernan la mayoría de las colectividades regionales y el Senado con mayoría absoluta. Solo les falta un obstáculo: ganar las elecciones legislativas de principios de junio. Sin una mayoría en el Parlamento el proyecto de los socialistas puede quedar bastante limitado. Si consiguen la victoria, la izquierda francesa conseguiría un hito: gobernar con poder absoluto toda Francia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario